universodelta: (Default)
[personal profile] universodelta

Feliz Cumpleaños, Zafiro

 

En algún lugar de la Europa de la posguerra…

 

             Contemplé impasible a la chica tendida en el suelo, comprobando si ya nunca más volvería a levantarse. Tras notar sus venas inertes bajo la presión de mis dedos, mi cuerpo se relajó y me senté en aquella cómoda cama. Con calma, saqué mi pequeño bloc de notas del bolsillo, y taché aquella nueva víctima de la lista. Me sorprendí, pues nunca antes pensé que podría estar tan sereno tras un asesinato.

  

            Reparé en la presencia de una bonita vitrina expositora de bebidas situada en la suite. Sin prisa alguna, me levanté y me dirigí hacia allí; tras tomarme mi tiempo, elegí el vino más peleón de entre todas las caras y refinadas reservas que allí se encontraban. Al diablo con ellas, en ese momento su aroma, sabor o color era lo que menos me importaba. Botella en mano, volví a mi confortable asiento y di el primer trago; poco importaba el tiempo que pasara allí dentro, dejando pasar las horas y maltratando mi hígado, pues yo era la única persona viva en todo el edificio.

 

            La luna era redonda y clara, creando un bello e idílico paisaje nocturno sobre aquel bosque en mitad de la nada. Su blanquecina luz se filtraba por las grandes ventanas de aquella alcoba, en la parte más alta del caserón, siendo ésta su único y potente foco lumínico y confiriendo un romántico ambiente a aquella lujosa habitación. Pero, en realidad la escena en sí distaba mucho de ser romántica. Zafiro, ya apurando su tercera botella y con lágrimas en los ojos, no podía dejar de pensar en su antigua vida, en sus errores, en su desafortunado destino, en la clase de monstruo en que se estaba convirtiendo y, sobretodo, en el espantoso camino vital lleno de huecos y vacíos que su nebulosa memoria le permitía adivinar. El bello e inerte cadáver de Lady Gyna, con un afilado cuchillo clavado en la nuca como macabro y disonante ornamento, era mudo testigo del tormento de este asesino, autor de su muerte y de la de mucha más gente en los últimos días. El que antes fue un niño reservado, un magnífico estudiante con un futuro prometedor frente a sus ojos, ahora, tiempo después, era una sombra enfermiza de ínfima humanidad.

 

--------------------------3 horas después----------------------------------------

 

          Aquellos días, que tan lejanos parecen ya, ahora los recuerdo incluso agradables. Tal vez hubiera podido hacer cualquier otra cosa... tal vez hubiera podido manejar mi destino de diferente manera... tal vez pudiera curarme de mi enfermedad.

 

   -Sabes que nunca cesará tu enfermedad.

   -Tú no eres nadie para hablarme de mi vida.

   -Oh Zafiro, pobrecito Zafiro, no tenía elección.

   -Déjame en paz. No te he invitado a mi fiesta de cumpleaños.

   -Más querrías, nene. Oh, lo siento, no recordé el detalle de tu última fiesta de cumpleaños...

   -¡Vete! ¡Deja de hablarme!

   -Pobrecito Zafiro, sus invitados le humillaron. Tenías mucha ilusión puesta en la fiesta de tu doce cumpleaños, ¿eh, Zafiro?

   -¡Déjame en paz, maldita puta! ¡Los muertos no hablan!

   -No estoy hablando nene, y lo sabes. Feliz cumpleaños.

 

            Quién me iba a decir que un cadáver medio putrefacto pudiera tener tanta razón. Aquella fiesta marcó mi vida, me sumió en el mar de sombras en que vivo ahora. Mi mente es un barco a la deriva, sin esperanza. Ya no hay vuelta atrás. Mi futuro oscila entre la muerte y la locura. Corta es la línea que los separa, pero cierto es que lo que me empuja a salir de un extremo, irremediablemente me hace caer al otro. Maldigo mi triste existencia, casi tanto como maldigo a todos aquellos desgraciados que me hicieron creer en la amistad, para luego echarme en el pozo sin fondo del odio, y cerrar la salida con llave.

 

   -¿Estás seguro de que fueron ellos los que cerraron con llave, Zafiro?

   -Te dije que te callaras.

   -Piénsalo, querido. Ellos acudieron a tu fiesta fingiendo su amistad. Jugaron con tus sentimientos, te hicieron creer, inocente de ti, que tras toda una vida de burlas y maltratos, iban a acudir bondadosos y felices a tu doce cumpleaños.

   -¡No tenían derecho a estamparme la tarta en la cara!

   -Por supuesto que no, hijo mío. Es más, aún puedo observar las doce quemaduras que se concentran en tu penoso rostro. Sí, no hables: tampoco tenían derecho a abusar de tu pobre madre, lo único que te quedaba en el mundo, aprovechando su minusvalía para abusar sexualmente de ella y someterle a casi tantas vejaciones como a ti. Pero...

   -¡¿Pero qué?!

   -¿Pero crees que todo eso justificaba que los asesinases a todos, incluida tu pobre madre?

   -...

   -¿Crees que todo eso justifica que, una vez liberado de tus captores, te pusieras al mando de la vieja segadora de heno de tu difunto padre, y destrozaras con ella a tus once compañeros de clase, nada más salieron de tu casa?

   -¡Cállate!

   -¿Crees que todo eso justifica que dieras una sobredosis de tranquilizantes a tu madre? ¿Que la tranquilizaras tanto como para pararle el corazón?

   -¡CÁLLATE, MALDITO CADÁVER!

 

            Zafiro no pudo soportarlo más. Con una mueca de asco, rabia y dolor, salió apresurado de aquella habitación y corrió escaleras abajo. Aterrorizado por sus actos, más lúcido que nunca, decidió huir lejos, muy lejos de allí, con tal de poder evadir una vez más a la justicia. Corrió tanto como le permitieron sus aún juveniles piernas, hasta llegar a una pequeña cueva en un bosquecillo. Allí, el cansancio le hizo caer pronto en el misterioso mundo de los sueños.

 

“¡Feliz cumpleaños, hijo!”

 

            Zafiro se despertó sobresaltado. Aunque él no lo recordara, había tenido ese mismo sueño desde hacía casi una semana. Un sueño del que no recordaba nada, excepto a su madre felicitándole su doce cumpleaños con cariño… un hecho ocurrido cinco días atrás.

 

            Como en cada uno de los últimos días, Zafiro se asustó; vagó, confuso, por los alrededores de aquella desconocida zona en la que se encontraba, durante horas. Intentaba recordar qué era lo que le trajo allí, o aunque fuera, algún evento de su pasado inmediato. Como en cada uno de los últimos días, Zafiro empezó por recordar sentimientos, emociones, odio. El chico se sintió invadido por una irracional ansia de venganza mucho antes de ser consciente qué era lo que le provocó tanto sufrimiento, o cómo, o cuando, o por qué. Zafiro, entonces, se descubrió aquel bloc de notas en un bolsillo de su maltrecha chaqueta. En él, había una lista de objetivos, once en total. Ya habían cuatro tachados, el último de los cuales era: “Madre de Berenice”. Ahora, el siguiente en la lista era: “Padres de Frank”.

 

             El jovencito, guiado por algún impulso inconsciente, no se cuestionó el significado de aquella lista. Con un ansia enfermiza, como por instinto, Zafiro emprendió camino hacia la casa de su viejo compañero Frank, al que con tanta ilusión invitó a la fiesta de su doce cumpleaños. Fiesta de la que, por cierto, el chico no recordaba nada de nada.   

 

             Caminaba como hipnotizado, sin tener muy claro siquiera el propósito de su visita. Un propósito que, conforme se iba acercando a él, iba transformándose en su mente, aclarándose y ensombreciéndose una y otra vez. Como en cada uno de los últimos días.

        

             Y, como en cada uno de los últimos días, al acabar su tarea y antes de recordarlo todo, el preadolescente asesino pensaría:

 

Me sorprendí, pues nunca antes pensé que podría estar tan sereno tras un asesinato.

 

Profile

universodelta: (Default)
Universo Delta

July 2014

S M T W T F S
  12345
678 9101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

Most Popular Tags

Style Credit

Expand Cut Tags

No cut tags